Una atleta argentina ganó la maratón de Malvinas y dedicó su triunfo a los caídos en la guerra
La atleta de Pinamar se impuso en la Stanley Marathon en las islas bajo dominio británico y dedicó su triunfo a los caídos y veteranos de la guerra de 1982.
Con 48 años y un tiempo de 3 horas, 14 minutos y 30 segundos, la profesora de educación física Candela Cerrone se consagró campeona femenina en la maratón más austral del mundo. Corrió sin poder exhibir la bandera argentina, prohibida por las autoridades británicas, y convirtió su victoria en un homenaje a quienes combatieron en Malvinas.
Hay triunfos deportivos que se celebran por lo que dicen las estadísticas. Y hay otros que, aun sin proponérselo, se convierten en actos cargados de memoria, historia y emoción política. Lo que ocurrió este domingo en las Islas Malvinas pertenece claramente a la segunda categoría. La atleta argentina Candela Cerrone, nacida en Pinamar, ganó la categoría femenina de la Stanley Marathon —la maratón más austral del mundo— y transformó esos 42 kilómetros en algo más que una competencia atlética: una escena inesperada de homenaje y memoria en un territorio que todavía arrastra las cicatrices abiertas de una ocupación colonial que se niega a cerrarse.
Cerrone, profesora de educación física de 48 años, completó el recorrido con un tiempo oficial de 3 horas, 14 minutos y 30 segundos, imponiéndose en la 15ª edición de esta competencia internacional certificada por la Association of International Marathons and Distance Races. El dato deportivo, por sí solo, ya es significativo. Pero el contexto en el que ocurrió lo vuelve mucho más profundo. La carrera se desarrolló en las Islas Malvinas, territorio argentino ocupado por el Reino Unido desde 1833 y escenario de una guerra en 1982 que dejó una herida indeleble en la sociedad argentina.
En ese suelo cargado de historia, Cerrone cruzó la meta primero entre las mujeres. Y al hacerlo, según quedó registrado en un video que rápidamente circuló en redes sociales, lanzó un grito que sintetizó el peso simbólico de su victoria: “¡Por los caídos, por los veteranos, por todos los que estuvieron acá!”. No fue un gesto ensayado ni un discurso calculado para cámaras. Fue, más bien, la reacción espontánea de alguien que sabía perfectamente dónde estaba corriendo.
La Stanley Marathon es considerada una de las carreras más exigentes del planeta. El circuito, que se desarrolla en las inmediaciones de Puerto Argentino/Stanley, combina terreno irregular, lomadas constantes y ráfagas de viento que pueden convertir cada kilómetro en un desafío físico brutal. La geografía de las islas no ofrece demasiadas concesiones a los corredores. No hay largas rectas cómodas ni superficies uniformes. El paisaje es áspero, el clima imprevisible y el viento, omnipresente.
“Es un terreno muy duro, con poca llanura. Son todas lomadas, calles trabadas y mucho viento”, explicó la propia Cerrone tras finalizar la prueba. La carrera de este año coincidió además con el Día Internacional de la Mujer, lo que le dio una carga simbólica adicional a la victoria de la atleta argentina.
La jornada, sin embargo, tuvo una particularidad que expone una de las tensiones más incómodas del enclave colonial británico en el Atlántico Sur. Según las normas vigentes en las islas desde la guerra de 1982, los atletas no pueden competir exhibiendo insignias nacionales argentinas en su indumentaria. En otras palabras: la bandera celeste y blanca está prohibida en espacios públicos del archipiélago, con la única excepción del cementerio de Darwin.
Cerrone, como el resto de los corredores argentinos que participaron, debió correr sin ningún símbolo de su país. Una prohibición que, lejos de pasar desapercibida, terminó operando como combustible emocional para la atleta.
“Eso me dio muchas más ganas de participar, destacarme y ganar. Fue el impulso que me hacía falta”, explicó en diálogo con el diario Página/12.
En la competencia participaron alrededor de 60 atletas provenientes de distintos países, aunque apenas once de ellos eran argentinos. La mayoría de los competidores eran británicos o residentes en las islas. En ese contexto, la victoria de Cerrone adquiere un peso simbólico inevitable: una argentina cruzando primero la meta en territorio disputado, sin bandera en la camiseta pero con la memoria muy presente.
La historia personal de la atleta también ayuda a entender la carga emocional del momento. Cerrone tiene un vínculo familiar directo con la guerra de Malvinas. Un primo suyo, oriundo de La Plata, combatió en las islas integrando el Regimiento 7 de Infantería.
“Él volvió, su amigo no”, contó.
Ese recuerdo, guardado durante años en silencio familiar, fue uno de los motores invisibles que la llevaron a participar en la carrera. Según relató, durante décadas respetó el silencio de su primo sobre lo ocurrido en la guerra. Pero la decisión de viajar a las Malvinas y correr allí terminó activando una dimensión emocional inesperada.
“Todo el tiempo que se enteró que yo venía a las Malvinas me dijo que no tenga dudas que él iba a estar acá conmigo, porque él nunca se fue de las islas”, recordó.
Cerrone corre desde los 15 años y comenzó a participar en maratones en 2018. Hace tres años se enteró de la existencia de la Stanley Marathon y decidió que quería correrla. Para lograrlo se preparó durante cuatro meses. No fue solo un desafío físico. Fue también un viaje emocional hacia un territorio cargado de historia personal y colectiva.
Tras finalizar la carrera, la atleta argentina y el pequeño grupo de corredores nacionales que la acompañaban realizaron recorridos por distintos sitios históricos de las islas. Entre ellos, el cementerio de Darwin, donde descansan los restos de soldados argentinos caídos en la guerra.
La experiencia, según relató, fue profundamente movilizante. También realizaron una caminata de siete kilómetros a campo traviesa para visitar antiguos puntos de combate.
La victoria de Cerrone generó rápidamente reacciones entre organizaciones de veteranos de guerra. Distintos centros de excombatientes difundieron mensajes de reconocimiento hacia la atleta por el significado simbólico de su triunfo.
El Centro de Veteranos de Brown destacó que su victoria “no fue solo una victoria deportiva”, sino también un gesto de respeto y memoria hacia quienes combatieron en las islas. En un tono similar se expresó el Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Berisso y Ensenada, que felicitó a la corredora por haber representado a la Argentina en la competencia.
La propia Cerrone reconoció que ha tenido otros triunfos deportivos a lo largo de su carrera. Pero también fue clara al señalar que este quedará grabado de manera diferente.
“He tenido otros triunfos, pero éste va a ser especial”, afirmó.
En el fondo, su frase resume algo que el deporte a veces revela con brutal claridad: hay victorias que no se miden solo en cronómetros. Hay carreras que se corren contra el viento, contra el terreno, contra el cansancio. Y hay otras que también se corren contra el olvido.
La Stanley Marathon convoca cada año a corredores de distintas partes del mundo atraídos por el desafío extremo de su geografía y por el atractivo singular de competir en el punto más austral del circuito internacional. Pero para los argentinos, inevitablemente, correr en Malvinas nunca es una experiencia neutral.
Cada paso sobre ese suelo resuena con ecos de una historia todavía abierta.
Candela Cerrone lo supo desde el primer momento. Y quizás por eso, cuando cruzó la meta sin bandera en la camiseta pero con el peso de la memoria en la espalda, su triunfo terminó diciendo mucho más que lo que marca el reloj.
Fuente:
https://www.puntal.com.ar/atletismo/una-argentina-gano-el-maraton-las-islas-malvinas-candela-cerrone-se-impuso-y-se-lo-dedico-los-caidos-n253541
https://www.pagina12.com.ar/

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